El Período Confluente se caracteriza por la exploración del meme como forma de expresión, por el descubrimiento de patrones de comportamiento similares entre humanos que viven en distintos países.
Tras el "fin de la historia", los seres humanos buscamos la manera de volver a conectarnos. Nos llenamos de regocijo al ver que había algo en común entre todos nosotros: desde sentimientos que nos acompañan desde siempre como el miedo a la soledad, hasta actividades tan banales como jugar a que el piso es lava o no pisar las líneas. Los humanos nos encontramos de nuevo. El meme expresaba ese deseo de comunión, esa necesidad de encuentro, ese anhelo por un sentimiento compartido y, de alguna manera, futuros compartidos.
Durante el Período Afluente-Disidente, los humanos nos dimos cuenta de que en el mundo hay gente mala, gente buena, gente rara. Podemos tener sentimientos compartidos, pero ya perdimos nuestra inocencia respecto de su universalidad. El meme de esta época se burla de personajes que escapan a las buenas costumbres y busca la complicidad en su denuncia y señalamiento. La aprobación de los demás es el nuevo sentimiento compartido subyacente.
Por otra parte, también es el momento en que la comunidad memística empieza a alcanzar al mainstream. Comienzan a divergir los sentidos del humor, las formas de ver las cosas e inicia la lenta y decidida disolución del sentido de comunidad. Hay una segunda pérdida de la inocencia y ya nada vuelve a ser tan idílico como en épocas anteriores. El disenso es la norma, pero no la aceptamos (ni entonces ni después), pues preferimos el rechazo de los elementos que no se conforman con nuestra visión del mundo.
El meme como fenómeno masivo trajo como consecuencia su utilización para los fines más diversos: campañas de marketing, de concientización, de desprestigio, de solidaridad. De repente, todo era memeable y los portales de noticias comienzan a compilar las reacciones con memes sobre cada novedad, lo cual le da al meme un lugar privilegiado en el debate societario, al tiempo que banaliza sus contenidos.
Como consecuencia de su alcance mainstream, asoma la utilización política del meme y se pone en discusión la utilidad de este para la formación de la opinión pública y la construcción de agendas. Los humanos ya no creemos en los medios; ahora nos informamos y formamos nuestra opinión desde el meme.
El Período Divergente supone también la radicalización de las diferencias del período anterior, que alcanzan así posiciones extremistas y crean nuevos nichos, cada uno con sus propios memes, muchas veces incomprensibles para quienes no pertenecen.
El Período Indiferente es la etapa posmoderna del meme. Los seres humanos habíamos renunciado traumáticamente a la inocencia originaria en los períodos anteriores; ahora abrazamos el cinismo como forma de lidiar con el mundo. Satirizamos la vida adulta, la vida occidental, la vida posmoderna, el sinsentido, el conflicto, el dolor. La depresión no es clínica, es un chiste. El meme refleja los vicios de esta época y el que no se ríe es un sensiblero.
Simultáneamente, el nihilismo empieza a ganar en popularidad, producto del hastío frente a las ideas más extremistas que surgen en los nichos memeros. El pesimismo le gana a las ganas de vivir y eso también queda representado en el meme.
La estructura memística se sostiene sobre los hombros de una generación millennial con trabajos precarios y sin ahorros, en un contexto en el que la concentración de la riqueza llega a niveles sin precedentes mientras que la crisis ambiental alcanza varios hitos. El meme muta en desahogo con formato de humor gráfico y las tendencias son las coincidencias efímeras de quienes buscan un refugio y un lugar de pertenencia.